30 de agosto de 2013

Ausente.

ME gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.




17 de junio de 2013

El silencio no existe.

—Muchos afirman —comenzó Alice Gould con aire distraído y distante— que el hombre ha matado el silencio. Es muy injusto decir eso, porque el silencio ¡no existe! A veces huimos de la gran ciudad para escapar del bullicio, pero no hacemos sino trocar unos ruidos por otros. Cuando se acercan las vacaciones, deseamos conscientemente cambiar de ocupación: la máquina de calcular, por la bicicleta; o la de escribir, por el arpón submarino. También de un modo consciente deseamos cambiar de paisaje: la ventana del inquilino de enfrente por la montaña, el campo o la playa. Pero de una manera inconsciente, lo que anhelamos, sin saberlo, es cambiar de ruidos: el bocinazo, el frenazo, el chirriar de las máquinas, las radios del vecino, por otros menos desapacibles, como el rumor del viento entre los pinos o la honda y angustiada respiración del mar.—¿Considera usted al mar como un ser vivo?—¡Naturalmente, doctor! La tierra no es un planeta muerto. Y el mar ocupa las tres quintas partes de la tierra... o... o algo parecido. Y además se muere y hace ruido. ¡Todo lo que vive lleva el sonido consigo!
—Me sorprendió usted, señora de Almenara, desde que entró por esa puerta; sería injusto negarle que mi sorpresa va de aumento en aumento. No obstante, sigo creyendo que la total soledad se aproxima mucho al silencio.
—No, doctor. No hay bosque, por oculto y lejano que se halle, por tranquilo que esté el aire que lo envuelve, que no tenga su propio idioma sonoro. ¿Usted no ha oído hablar a los árboles? ¡Todo el mundo los ha oído hablar! No se sabe bien qué es lo que se escucha, qué es lo que suena. No hay arroyos en las proximidades, no hay pájaros, no hay insectos, y las copas están quietas. Con esto y con todo, hay un palpito indefinible, indescifrable. Se dice entonces que se oye el silencio. Es una manera de decir porque lo cierto es que "algo" se oye... mientras que el silencio es inaudible. 
—He aquí una palabra, "silencio", que el hombre ha inventado para expresar una realidad que no ha experimentado jamás, para describir lo que nunca ha conocido: porque todo en él y alrededor de él es un cúmulo de mínimos estruendos. Y la voz que sonó una vez no se pierde para siempre. La vibración de la onda sonora se expande y aleja, pero permanece eternamente. Esta conversación que estamos teniendo, doctor, existirá en el futuro en algún lugar lejano.
—¿Quiere usted decir que toda palabra es eterna?
—Es una simpleza lo que digo. No hay nada de original en ello, puesto que está probado. La curiosidad insaciable del hombre creó grandes ojos (los telescopios) para ver más allá de lo que la vista alcanza. Ahora ha creado grandes orejas (los radiotelescopios) para captar los ruidos del Universo. Y he leído que aún se oye el sordo clamor de la primera explosión: la que fue origen de la creación del mundo y de la fuga de las galaxias. ¡Antes de esto, sí existía el silencio!

21 de mayo de 2013

¿Tenemos derecho a mentir?

AVISO: este es un trabajo que realicé para la Olimpiada de Filosofía de este año. Aunque no resultó ganador, ni se envió ni nada, estoy bastante orgullosa de ello y desde que la escribí, tenía ganas de ponerlo. Espero que os guste y que os haga reflexionar, sobretodo.



Para empezar, creo que es necesario aclarar unos cuantos conceptos y partir, previamente, de algunas preguntas tales como: ¿qué es mentir? ¿Es ético y moral hacerlo? ¿Hay una clasificación para ello? ¿Realmente se es consciente y debe ser castigado o mal visto o por el contrario es inconsciente, externo a nosotros, predeterminado genéticamente? ¿Dónde está el límite (si es que lo hay)? ¿Debemos actuar por nuestro beneficio o tenemos que actuar solitariamente, pensando sólo en nosotros mismos? ¿Realidad o ficción? ¿Mentira piadosa o verdad dolorosa? Hay muchas preguntas al respecto de este tema, que no siempre han tenido una respuesta universal que sirviera como modelo a seguir. Para realizar este ensayo, pues, baso mis argumentos en definiciones y en la propia experiencia propia afirmando que no tenemos derecho a mentir.

La mentira. El hecho de mentir nos ha acompañado a lo largo de toda nuestra historia. Pero, ¿qué es una mentira? Una mentira es una declaración o afirmación realizada por alguien, que la expone a los demás sabiendo que es totalmente falsa (o en parte) esperando que los oyentes le crean, ocultando siempre la verdad de forma parcial o total. Por esta definición podríamos concluir que la persona mentirosa previamente tiene que tener conocimiento de dicha verdad y, consecuentemente a esto, libremente elige optar por ocultarla y engañar o manipular a las personas que se encuentran a su alrededor escuchándola. Como bien nos decía Descartes, hay que dudar de todo para, a partir de la nada, construir la verdadera realidad. Porque, ¿cómo saber si nos están mintiendo? ¿Cómo saber si en realidad, toda nuestra vida no ha estado basada en una gran mentira, movida por alguien cercano a nosotros? Es difícil responder a esas preguntas ya que, por cariño o afecto, confiamos en muchas personas, sin darnos cuenta de que son en realidad ésas, las que más pueden jugar con nosotros. Llegado a este punto, tenemos que plantearnos, qué es lo real, cuál es la verdad que se esconde tras el bombardeo de palabras que recibimos a lo largo del día (o por lo menos intentarlo), cómo las hemos adquirido tan íntimamente a nuestra forma de ser y clasificarlas por orden de gravedad.


Si echamos la vista atrás, podremos descubrir como, a lo largo de nuestra larga o corta existencia hemos estado rodeados de mentiras. De hecho, hay a veces que es hasta natural y sin ningún tipo de maldad. Por poner un ejemplo, las madres. Las madres pueden llegar a autoconvencerse de cualquier idea, sea verdad o mentira, y convertirla en una realidad en su persona. Como por ejemplo, que su hijo es el más guapo y maravilloso del mundo, pregonarlo a los cuatro vientos y por consiguiente, hacérnoslo creer a nosotros que nos hallamos observando el mundo, analizando gestos e intentado entender todo a la perfección. Desde bien pequeñitos nos mienten para que hagamos lo correcto, para que nos comamos ese plato que tanto odiamos aludiendo al argumento: ‘Come, que seguro que te gusta’. Y así es como, poco a poco, hemos ido asimilando ese método de mentir piadosamente para conseguir un propósito. Por esa razón, en definitiva, el hecho de mentir se ha ido aprendiendo a lo largo de nuestra vida, algunas veces castigado y otras veces no. Y así es como, poco a poco nos hemos ido forjando una personalidad en la que está implícita la mentira, muchas veces como método de huida, salvación o engaño.

Por esto, debemos hacer una distinción entre todos los tipos de mentiras que existen. San Agustín distinguía ocho tipos de mentiras: las mentiras en la enseñanza religiosa; las mentiras que hacen daño y no ayudan a nadie; las que hacen daño y sí ayudan a alguien; las mentiras que surgen por el mero placer de mentir; las mentiras dichas para complacer a los demás en un discurso; las mentiras que no hacen daño y ayudan a alguien; las mentiras que no hacen daño y pueden salvar la vida de alguien, y las mentiras que no hacen daño y protegen la "pureza" de alguien. En teoría, ese tipo de "mentirijillas" que no hacen daño a alguien no deberían de estar mal del todo ya que como Sócrates estipulaba (y poco después Platón) nadie obra mal a sabiendas. Realmente, podríamos considerar que quién obra injustamente, es porque realmente no ha conocido la justicia por lo que es inevitable actuar de tal manera. Si traspasamos este ejemplo al hecho de mentir, posiblemente, el mentiroso sería el que no ha conocido la verdad, por lo que no actúa conforme a ella. Tan sólo aquellos que la conocieran, deberían obrar atendiendo a ella. Pero la realidad no es así. Tampoco los que realmente conocen la verdad, la aplican en todos los ámbitos de su vida. Entonces cabría preguntarnos, ¿es algo inherente, inapelable en el ser humano?.

Por seguir al pie de la letra este razonamiento, sería lo más lógico. Todo el mundo miente, por lo que el hecho de mentir está en el ambiente. Es la orden del día. Ya la Biblia indicaba que A mayor sabiduría, mayor dolor. Los mayores totalitarismos del siglo XX proporcionaron ejemplos extremos de cómo una sociedad perfecta ha de ser necesariamente manipulada para mantener la mentira como verdad(1984, de George Orwell, 1948), o para convertir los propios cuerpos y las mentes en máquinas dóciles (Un mundo feliz, de Aldous Huxley, 1932). Es imposible que desaparezca del ámbito político, diplomático y periodístico. Pero aquí entra el verdadero dilema de todo. ¿Es por todas estas razones, un derecho el mentir?


La palabra derecho deriva de la voz latina directum, que significa "lo que está conforme a la regla, a la ley, a la norma". Pero, si no hay una norma establecida ni una regla la cual seguir, ¿dónde están los límites de lo que es correcto y lo que no?, ¿de quién depende, de nosotros mismos o de la sociedad en la que nos toca vivir? Si lo pensamos detenidamente, casi todas las normas, leyes o derechos que rigen nuestra sociedad actual, dependen de nuestro entorno, de dónde nos hayamos criado. Mientras que en nuestro país está prohibido exhibirse desnudo públicamente por las calles, en otros lugares como en las tribus africanas, ese hecho sería de lo más natural del mundo. Eso nos hace plantearnos, si es verdaderamente justo y “bueno” lo que nosotros consideramos como tal.
Como bien nos decía la definición de "derecho", el mentir no está estipulado en ninguna ley ni norma por lo que no se puede considerar un derecho hacerlo. Somos libres de actuar y eso implica ser responsables, coherentes y en ocasiones decidir conforme a un consenso establecido por todos. Por lo que ahí viene el que, cada uno actúe conforme a la educación y a las creencias que le han venido dadas. Porque nuestras experiencias nos marcan para toda la vida y si no se nos ha enseñado bien que es lo que está bien y lo que está mal, haremos daño a las personas que más queremos.


No es que esté justificando que mentir esté bien, pero, siempre es mejor una mentira que sirve para ayudar a un ser querido en una determinada situación social o sentimental que una mentira que sirva para manipular o, en el peor de los casos, dañar a alguien a propósito. Porque cuando mentimos, somos totalmente conscientes de ello y quizás ese sea lo peor de todo. Porque casi siempre lo hacemos con un propósito determinado y muchas veces nos cegamos y hacemos lo que sea para conseguir esa meta. Porque no siempre el fin justifica los medios, y pensar en cómo se sentirán los demás no está de más. Tarde o temprano, las verdades salen a la luz y por más que intentes esconderla, no puedes.

Así que, para concluir podríamos afirmar que la mentira es algo que no se puede controlar, reformar o prohibir, pero no por eso debería de ser un derecho ni que estuviera bien visto hacerlo. Quizás sólo en algunas ocasiones. O quizás no.

2 de mayo de 2013

La historia de nuestra vida.

Como muchas veces hago, me dejaré guiar por mis sentimientos más profundos con el fin de poder expresar todo lo que pienso.
Realmente, hoy es un día especial. Os preguntaréis por qué. Pues bien, os lo explicaré.

Hace mucho tiempo, quizás en el mundo inteligible, no sé, posiblemente dos almas convivían en un mismo espacio, en un mismo ambiente. Dos almas que, por separado, se alimentaban de conocimientos y sabiduría sin saber que mucho tiempo después, ocuparían dos cuerpos que casualmente acabarían juntos.
Una nació en el mes más helado del invierno, a la madrugada. La otra, por el contrario, nacería un día como hoy, hace dieciocho años.
La primera nacería, tras mucho esfuerzo. Aún con todo, sería ya la segunda hija de sus padres. Hecho que marcaría bastante su vida. Por el contrario, el segundo nacería como primer hijo (ya que, tiempo después tendrá un hermano al cual enseñará todos sus conocimientos). Al principio, pueden parecer circunstancias iguales pero su vida se forjará diferente.
Tras los primeros años de su niñez, por el hecho de vivir realmente cerca, acabarán en el mismo colegio y en la misma clase. Serán años confusos y borrosos para ambos. Aunque, por desgracia, más para ella que para él.
Ella se estaba forjando su futuro. Se había convertido, sin quererlo, es una de las chicas más populares de la clase. Todos querían ir con ella en el autobús. Todos ansiaban que se quedara a comedor para jugar con ella. Con el tiempo, todos los chicos de su clase la considerarían la más guapa de la clase y la venerarían como tal.
Mientras tanto, él será una persona que pasará un poco desapercibida. Tenía escasos amigos, porque siempre pensaba que estaba por encima de ellos intelectualmente. Siempre había sido más listo pero, no llevaba muy bien eso de las relaciones interpersonales. Nunca se le había dado demasiado bien. Además, parecía como que los demás aprovecharan para mofarse de él siempre que podían. Pero, aunque realmente le dolía que los chicos le trataran así, nunca olvidaría como una de las chicas más populares de la clase se unía al corrillo...
Pasaron los años, y como todos sabemos, las cosas cambian, al igual que las personas.
Ella se había acostumbrado a no tener que hacer amigas, a no tener que buscar nada, a que le viniera todo hecho pero, todo lo que sube, baja. Y tan rápido como vino su popularidad, se fue. De repente, se encontró sola ante el peligro. Ya no querían ponerse todas con ella, ya no todas la consideraban su mejor amiga. Desde ese momento, tuvo que aprender lo que era de verdad la realidad y tuvo que sacarse las castañas del fuego. Sola.
Él, en cambio, se había acostumbrado ya tanto a la soledad, al conservar pocos amigos, y a veces ni eso, a las burlas y demás que lo tenía asumido. Por dentro quizás estuviese destrozado pero, cuando llegaba al colegio se transformaba y por mucho que intentaran hundirle, él nunca flaquearía. Se mantendría firme tras todos los ataques y crearía una especie de escudo inquebrantable. Y, por si fuera poco, empezó a descubrir que toda esa madurez que había adquirido no era porque sí y que no todos la poseían. Descubrió que era un chico muy inteligente. Era superdotado. Aún con la de cosas malas que había vivido con innumerables miembros de la clase no se rindió, y, contra todo pronóstico, decidió quedarse en la clase con la que había compartido tantos momentos porque en el fondo, les tenía demasiado aprecio y demasiado miedo de empezar de cero otra vez. Ya era suficiente haberlo sufrido una vez, que no necesitaba sufrir un cambio de curso y tener que acostumbrarse otra vez a nuevas personas.
Con el paso de los cursos, todo el mundo estaba cambiando. La situación entonces entre nuestros dos protagonistas lo hará completamente.
Ella se había convertido en envidia de algunas chicas. Su cuerpo, de un día para otro, había empezado a cambiar y a desarrollarse. Sin darse cuenta, se encontró con problemas de mujer antes de lo que se pensaba. Había conseguido pasar aquella etapa con éxito y más o menos se desenvolvía como siempre. De hecho, hasta empezó a tener amigos de confianza. Se ilusionó. Y quizás, demasiado pronto. Sin motivo alguno, la dejaron de lado. Empezaron a insultarla, a reírse de ella...Se derrumbó. Siempre había sido fuerte pero, nunca nadie se había parado a conocer su interior. Por dentro, era débil. Siempre había dependido de esas relaciones sociales y cuando vio que ya no podía confiar en nadie, el mundo le pareció un gran agujero negro.
Por el contrario, él se había integrado cada vez más en la clase. No tenía grandes amigos pero, veía como sus gracias empezaban a hacer efecto sobre algunas personas de la clase. Le consideraban gracioso. Nunca se sabrá porque las vidas de ambos cambiaron tan radicalmente pero, aunque él nunca olvidaría lo que ella había hecho cuando eran pequeños, siempre había admirado su forma de llevar las cosas. Cada vez la encontraba más guapa. Gracias a ella, podía saciar su apetito y con ella imaginaba cosas inimaginables.
Cuando ella se encontraba más perdida que nunca, él apareció, de la nada. Realmente, tampoco se sabe cómo pero, al acabar el curso, ambos se pedirían el messenger (entonces fue la revolución). Y poco después, ambos descubrirían que se habían salvado el uno al otro. Ella había encontrado en él una persona de confianza (junto con un par de personas más). Había encontrado el tipo de amigos que necesitaba. En él, había encontrado una vía de escape.
Empezaron a hablar y pronto empezarían a encajar, como dos piezas de puzzle. A él le servía para poner en práctica todo lo que su cabeza imaginaba y a ella le servía para desconectar y reírse, cosa que le encantaba. No tardarían en atreverse a quedar fuera de las clases y a conectar cada vez más.
Ella estaba muy ilusionada con la idea de tener por fin un grupo de amigos que la respetara y la entendiera por como era pero, él, poco a poco, fue enamorándose perdidamente de ella.
Ella intuía algunas veces eso en él pero, estaba demasiado ocupada pensando en que por fin había encontrado su sitio para pensar en eso. Ni siquiera se había llegado a plantear el empezar a salir con alguien en serio. De hecho, ya lo había intentado varias veces anteriormente con estrépitos resultados y no quería echar a perder la oportunidad de conservar a aquel amigo tan especial que había encontrado por fin con una relación de pareja. Supongo que no estaba preparada. Quizás, nunca lo estuvo ni lo estará...
Pero, queridos lectores, esto para nuestros protagonistas, fue el primer bache de su relación.
Ni con el tiempo el amor que sentía él por ella disminuía y todo el mundo se había dado cuenta de la situación menos ella, que parecía evitar cualquier tema que estuviese relacionado con ellos dos. Por insistencia de la gente, al final él, un día cualquiera, decidió declararse.
Tenía miedo, pero no podía aguantar más. Así que, totalmente improvisado, pronunciaría cuatro palabras que, inconscientemente, se quedarían grabadas en la memoria de ella: "Me pareces muy guapa".
Sería muy difícil describir ese mismo momento desde los dos puntos de vista. Mientras que él, se arrepentiría mil veces de haber abierto el abismo de los sentimientos más profundos entre los dos, de no haber recibido una respuesta, en definitiva, de haber recibido un no, a ella no le supuso una gran decepción. Ella, hasta mucho tiempo después, no entendería bien lo que esas cuatro palabras escondían. Ella, al igual que él, tenía miedo. Pero, era un miedo diferente. Mientras que él sentía la necesidad de estar con ella, de besarla, ella, por el contrario, no se sentía animada ni capacitada para eso en ese momento. Realmente, no sabía que sentía por él. Se lo plantearía, pero nunca sacaría nada en claro. Y como era costumbre en ella, lo dejó pasar.
Pero, los amores ignorados siempre vuelven a pedir cuentas. Y, aunque, para asombro de todos, volvieron a ser amigos como siempre, hubo un pequeño, aunque invisible, cambio.
Él nunca tiró la toalla. Ella se sentía muy a gusto con él. Aunque le picaba mucho, ella disfrutaba enfadándose con él en el fondo. Porque sabía que ningún insulto era en serio. Se tenían demasiado aprecio el uno al otro.
Pero, un día, tal vez por la edad y porque él se había cansado de esperar una respuesta por parte de ella, uno de esos piques sobrepasó la línea. Y, rápidamente, dejaron de hablarse.
Ella pensaba que no sufriría su pérdida. Ya había pasado muchas veces por eso. Pero, aunque nunca se la vio hundida, jamás lo había estado tanto. Jamás pensaría que su presencia fuera tan importante en su vida.
Sus caminos se separaron por un tiempo.
Él, conoció a una chica. Compartían una misma afición: tocar el piano. Esta chica se enamoró perdidamente nada más verlo. Y él, con el tiempo, acabo saliendo con ella. Descubrió en ella una forma de salir en el abismo en el que había entrado. Tenía que suplir esa pérdida. Y con aquella chica, pudo descubrir lo que realmente era el amor. Con ella podría por fin expresar la gran necesidad de afecto que tantas ganas tenía. Pudo experimentar. Pasó, posiblemente, el mejor año de su vida. Descubriendo, poco a poco, ese gran mundo desconocido, como era el de la mujer, desde un ámbito más íntimo. Una faceta que desconocía de las mujeres. Podía por fin, olvidar a la gran arpía que lo había rechazado y mantenido sin mostrar ningún tipo de sentimiento recíproco por él.
En cambio, ella siguió su camino, sin grandes cambios. Seguía con su maldita obsesión de guardar su corazón bajo siete llaves, para poder poner fin (como siempre había intentado) de sufrir por amor. Sufrimiento que consideraba, el peor del mundo.
Pero jamás llegaría a imaginar el odio que él podría a acumular sobre su persona. No bastaba con haberse separado si no que, la pareja con la que estaba él le tenía envidia. Y entre ambos, juntando odio acumulado (en el fondo porque él seguía sintiendo cosas por ella) realizaron un acto macabro. Se aprovecharon del único hilo que todavía les mantenía unidos para desarmarla totalmente y tocarle la única fibra que ella amaba.
Deseó odiarle con todas sus fuerzas. Se prometió a si misma que jamás le harían una cosa como aquella. Que jamás le perdonaría aquel acontecimiento marcado con sus huellas, pero se equivocaba, como siempre. Nunca pudo odiarlo. Era superior a ella. Sabía que él estaba sumido en el odio. Lo entendía. Le había hecho tanto daño...Por lo que, a pesar de todo, nunca le guardó gran rencor y como siempre había hecho, siguió adelante tras la adversidad.
No pasaría mucho tiempo en el que él se diera cuenta de que no podía seguir con aquella relación y que había hecho muchísimo daño a la única persona, que tiempo atrás, más le había importado.
Fue la época más decisiva e importante de su vida. Se bajó de la burbuja en la que había vivido durante ese año y decidió pedirle perdón a ella por todo el mal que le había causado. La echaba de menos.
Gracias a Dios, coincidieron en una quedada que organizaron las personas de su clase de primaria y pudo por fin manifestarle todo lo que había guardado en su interior durante tanto tiempo. Se arrepentía de todo. Quería que todo volviese como antes. Y así fue. Ella le había perdonado hacía mucho tiempo atrás y aunque no lo quisiera admitir, le echaba de menos.
Como si el tiempo nunca hubiera pasado para ellos, volvieron justo al punto por donde lo habían dejado. Inexplicablemente, tardarían muy poco en volver a tener esa chispa que habían tenido siempre. Como el grupo de amigos de antaño ya no se encontraba entero, empezaron a quedar a solas.
Estaban a gusto el uno con el otro. Ya no eran niños. Se habían formado totalmente físicamente.
Y, como era de esperar, surgieron los sentimientos otra vez. Pero en este caso, fue ella la que cayó. Para sorpresa (incluso para ella) se encontró pensando en si realmente quería a aquel chico que tanto le había amado antaño. Empezaba a sentir cosas que antes no había sentido. Se sentía realmente a gusto con él. Lo veía maduro, interesante. Tenía un aire tan misterioso. Sin esperarlo, se había encontrado mirándole fijamente a esos ojos verdes agrisados con cara de tonta. Y maldijo una y otra vez, por qué el destino había decidido que ella fuera la que sufriera en esa relación ahora.
Contra todo pronóstico, ocurrió. Juntos, se amaron. Se descubrieron el uno al otro. Pasaron días inolvidables. Ambos nunca olvidarían en su vida aquel verano que pasaron conociéndose y explorándose. Cualquier escenario era propenso para conjugar su amor. En esos días, ella por fin había encontrado el sentido de su vida. La pequeña chispa que todos poseemos, pero que necesita ser activada. Esa chispa que consigue armarte de fuerzas, motivación y autoestima. Eso que había esperado durante tanto tiempo y por fin, con él, había encontrado.
El sentimiento fue mutuo pero, tenían demasiado miedo (aún con todo) como para seguir con una relación estable.
Pero dicha unión sería recordada hasta el fin de los tiempos. Porque ella, a pesar de todo, supo armarse de valor y admitir la derrota. La vida no le había brindado la oportunidad que había tenido él tiempo atrás y deseaba con todas sus fuerzas poder expresar el amor que había guardado durante tanto tiempo a esa persona especial. Y no cabe duda de que él lo era. Y lo sigue siendo.
Ambos se encontraban ahora en la posición opuesta a la que habían estado cuando eran niños. Ahora era él el que tenía miedo a salir con alguien, a que le hicieran daño, a sufrir. Quería disfrutar de la vida. Así que, como de costumbre en ellos, sus caminos no llegaron a separarse del todo porque siguieron siendo amigos como siempre habían sido, sin que les afectase todos los acontecimientos que habían vivido durante la historia de sus cortas vidas.
Porque, en realidad, no ha pasado mucho desde entonces. Porque los sentimientos siguen ahí. Porque ambos siguen teniendo miedo a sentir demasiado. Pero aún con todo eso, ella nunca olvidará como, el destino puso en su camino a un chico al que llegaría a querer tanto. Un chico que se convertiría en esencial en su vida y que necesitaría tanto en su vida.
Supongo que nuestros protagonistas se encuentran ahora en un período de transición en la historia de sus vidas. Pero, estoy segura de que esta historia no se va a acabar aquí. De que vivirán muchísimos más momentos juntos y compartirán muchísimas cosas más. Porque, a pesar de todo, siempre han seguido juntos y seguirán juntos por siempre.
Es la historia de sus vidas. Una historia inacabada pero intensa.

1 de mayo de 2013

Amor

"Entonces fue como si el tiempo se parase y el Alma del Mundo surgiese con toda su fuerza ante él. Cuando vio sus ojos negros, sus labios indecisos entre una sonrisa y el silencio, entendió la parte más importante y más sabia del Lenguaje que todo el mundo hablaba y que todas las personas de la tierra eran capaces de entender en sus corazones. Y esto se llamaba Amor, algo más antiguo que los hombres y que el propio desierto, y que sin embargo resurgía siempre con la misma fuerza dondequiera que dos pares de ojos se cruzaran como se cruzaron los de ellos delante del pozo. Los labios finalmente decidieron ofrecer una sonrisa, y aquello era una señal, la señal que él esperó sin saberlo durante tanto tiempo en su vida, que había buscado en las ovejas y en los libros, en los cristales y en el silencio del desierto.
Allí estaba el puro lenguaje del mundo, sin explicaciones, porque el Universo no necesitaba explicaciones para continuar su camino en el espacio sin fin. Todo lo que el muchacho entendía en aquel momento era que estaba delante de la mujer de su vida, y sin ninguna necesidad de palabras, ella debía saberlo también. Estaba más seguro de esto que de cualquier cosa en el mundo, aunque sus padres, los padres de sus padres, dijeran que era necesario salir, simpatizar, prometerse, conocer bien a la persona y tener dinero antes de casarse. Los que decían esto quizá jamás hubiesen conocido el Lenguaje Universal, porque cuando nos sumergimos en él es fácil entender que siempre existe en el mundo una persona que espera a otra, ya sea en medio del desierto o en medio de una gran ciudad. Y cuando estas personas se cruzan y sus ojos se encuentran, todo el pasado y todo el futuro pierden su importancia por completo, y sólo existe aquel momento y aquella certeza increíble de que todas las cosas bajo el sol fueron escritas por la misma Mano. La Mano que despierta el Amor, y que hizo una alma gemela para cada persona que trabaja, descansa y busca tesoros bajo el sol. Porque sin esto no habría ningún sentido para los sueños de la raza humana. "

25 de abril de 2013

Sin pulso y sin aliento.

Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.

No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.

Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.

Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.

Parecen felices.


…Y sonríen, a veces, cuando hablan.
Y se dicen , incluso,
palabras
de amor. Pero
se aman
de dos en dos
para
odiar de mil
en mil. Y guardan
toneladas de asco
por cada
milímetro de dicha.
Y parecen -nada
más que parecen- felices,
y hablan
con el fin de ocultar esa amargura
inevitable, y cuántas
veces no lo consiguen, como
no puedo yo ocultarla
por más tiempo; esta
desesperante, estéril, larga
ciega desolación por cualquier cosa
que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.

23 de abril de 2013

Reglas.

I

El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.

II
El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
conque yo estaré al lado suyo.

IV
El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.

V
El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones,
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

IX
El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificio
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X
El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.

XI
El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.



Gioconda Belli

6 de abril de 2013

Cuando te encuentre.

La cosa más insignificante puede cambiarte la vida. En un abrir y cerrar de ojos, cuando menos te lo esperas, ocurre algo por casualidad que te embarca en un viaje que no habías planeado, rumbo a un futuro jamás imaginado. Quién sabe a dónde te llevará. Ésa es la aventura de nuestra vida, nuestra búsqueda de la luz. Pero, a veces, para encontrar la luz hay que atravesar las más profundas tinieblas.

1 de abril de 2013

¿Por qué?

Nunca lo sabré. Mis sentimientos hacia él son inconscientes e involuntarios...Si pudiera controlarlos, tener por seguro que pararía. Pero es tan adictivo...Y como todos sabemos, eso siempre acaba mal. Lo peor de todo es que no puedo estar triste, porque si no él me preguntaría y sólo podría contestarle: "Nada".
Ese típico "nada" que esconde más que todo lo que se pueda llegar a decir con palabras. Y si intento estar bien, me estaré condenando a que, poco a poco, se me vaya rompiendo el corazón en añicos, haciéndome daño a mi misma con ilusiones autodestructivas e inútiles.
No sé por qué sigo guardando la esperanza...

"puede ser"

Siempre me pasa por hacerle un hueco a la ilusión y a la esperanza. Por guardar un "puede ser" en el corazón. Siempre la misma historia...
Así que, prometí levantarme cada mañana odiándolo, siendo lo más seca posible, evitando cualquier contacto...más que nada para dejar de sufrir, de navegar a oscuras. De ilusionarme, en definitiva. Pero me mira, con esa mirada suya que te traspasa el ama, y se me rompen todos los esquemas...






Sólo queda esperar...

Y cuando pierdes la esperanza, cuando tu vida se vuelve un caos, cuando no tienes a qué aferrarte. Niebla a tu alrededor, oscuridad. Nada seguro; sin saber dónde pisar. Cuando no te queda nada...no tienes fuerzas para seguir adelante.
Cuando es una fuerza externa la que te arrolla sin previo aviso, no puedes hacer otra cosa que esperar a que pase, sonriendo a los demás como tantísimas veces has hecho, sin que nadie sepa, sin que nadie vea el dolor en tus ojos.
Cosas que no se pueden contar ni explicar. Sólo tú y nada más que tú. Nadie lo entendería. ¡Normal! Si ni yo misma lo entiendo.

Sólo queda esperar...

Cambios.

Los cambios ocurren y pasan como el tiempo: sin darte cuenta.
Porque las cosas malas que te hayan podido ocurrir y que, inconscientemente, guardas bajo llave en tu corazón escondido en un rincón, sin molestarte excesivamente pero viéndolo todos los días, se acaban superando.
Es tal la liberación que sientes...Porque, ¿qué importa el tiempo? ¿qué importa si tardas en superarlo meses, años...? El tiempo lo decides tú. Cada uno tiene su ritmo. Lo único que importa es que a partir de entonces, algo ha cambiado en ti. Porque ya lo dice la misma palabra en su origen: Cambio=Crisis.
Inevitablemente, hay que sufrir, hay que padecer para que, por consiguiente, se cambie, se mejore o, en el peor de los casos, se empeoren las cosas. Pero, eso es lo que tiene de especial cada cambio; que es tuyo y de nadie más. Nadie puede saber al pie de la letra como te sientes, nunca nadie podrá ser tú. Y por eso son tan necesarios...porque te hacen conocerte a ti mismo (o por lo menos un poco más). Porque el conocerse es como un largo camino paralelo a la vida. Cuanto más vives, más te conoces. Cuantas más crisis, más cambios. Pura lógica.
¿Qué más da las decisiones que tomes? Estén bien o mal, te van a servir para avanzar y, seguramente, cuando vuelvas la cabeza atrás, te rías de las rayadas exageradas que tú misma te montabas. Y te darás cuenta de esos momentos clave que han sido el comienzo de una renovación. De otra.
Porque los cambios son necesarios. Y como todos sabéis, soy fan de ellos Y puede ser que muchas veces sean malos pero es que odio estancarme y pudrirme esperando a que ocurra algo que tal vez nunca ocurra, esperando ser feliz...
Dicen que la felicidad hay que buscarla. Y he de seros sinceros: pocas veces la he buscado, casi siempre me ha encontrado ella a mí. Todas las situaciones que he vivido en la vida me han llevado al punto en el que estoy ahora mismo, y no me arrepiento. Es mi culpa el pensarme tantos las cosas, el imaginarme siempre lo peor de todo, en esperar que las personas actúen por su propia voluntad y no pedirles nunca lo que realmente quiero, en ser tan fan del amor y que él, por el contrario, me odie tanto...Pero si no fuera así, no sería yo. Dentro de nada cambiaré de parecer y de estado de ánimo, seguro. Me pasa siempre.
En resumen, estas edades son las mejores para los cambios. Muchas veces he tenido dilemas entre elgir dos cosas, dos personas, dos, dos...siempre.
Mi vida es una carretera llena de bifurcaciones. Las miles raíces que posee un árbol. Las posibles vidas o alternativas de cada elección...
Porque, pensándolo detenidamente, nunca he elegido. Porque mientras no elijas, todo es posible. Podría ser esa mi receta de la felicidad...Elegir cuando se está totalmente seguro de algo y aún con esas, tampoco.
En fin enigmas irresolubles. Uno de tantas que pasan por mi cabeza.

3 de febrero de 2013

No me conformo, no: me desespero.

No me conformo, no: me desespero
como si fuera un huracán de lava
en el presidio de una almendra esclava
o en el penal colgante de un jilguero.

Besarte fue besar un avispero
que me clava al tormento y me desclava
y que cava un hoyo fúnebre y lo cava
dentro del corazón donde me muero.

No me conformo, no; ya es tanto y tanto
idolatrar la imagen de tu beso
y perseguir el curso de tu aroma.

Un enterrado vivo por el llanto
una revolución dentro de un hueso,
un rayo soy sujeto a una redoma.




Tengo estos huesos hechos a las penas.



Tengo estos huesos hechos a las penas

y a las cavilaciones estas sienes:

pena que vas, cavilación que vienes

como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,

voy en este naufragio de vaivenes,

por una noche oscura de sartenes

redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio

si no es tu amor, la tabla que procuro,

si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio

de que ni en ti siquiera habré seguro,

voy entre pena y pena sonriendo.